La oración

¿Para qué orar y por qué orar?

 ¿Para qué orar y por qué orar? Hay muchas razones por las cuales se debe orar. En primer lugar, no somos dueños de nuestras vidas, ni individualmente, ni como nación. En segundo lugar, no podemos controlar el curso del destino de las personas; es decir, cada persona forja con sus acciones las consecuencias de su destino. Hay un solo poder que puede cambiar el curso de la historia, y es el poder de la oración: la oración de hombres y mujeres que creen en Cristo y reverencian a Dios.

La oración eficiente
 Para guiarles en la oración eficiente con Dios y para que la oración sea fluida, primeramente, se debe considerar 2 puntos imprescindibles:

  1. Tener presente que Dios es un ser importante
  2. Esa persona, importante, debe ser interesarte

Si uno de esos dos puntos falla, entonces no habrá una buena comunicación (oración); en consecuencia, el conversar con Dios se hará aburrida y solo dedicarás poco tiempo para orar. Es lógico que, en esas circunstancias, te comunicarás tan solo unos segundos o tal vez unos minutos para darle las gracias y luego decir, amén. 

Saca tiempo para lo interesante

 Alguna vez te ha ocurrido, y de seguro que sí, que cuando estabas de novio o novia con tu pareja te la pasabas conversando por largas horas sin importante el tiempo ni lugar ni el clima. hacías todo esto  porque esa persona que tenías delante tuyo era importante y a la vez te interesaba; es por esas dos razones que pasabas, un buen tiempo, conversando. Lo mismo sucede con la oración con Dios, porque la oración es un medio de comunicación con un ser divino importante y a la vez interesante. Si logras comprender y atesorar en tu corazón lo importante e interesante que es Dios en tu vida, entonces pasarás más tiempo comunicándote con tu creador. 
 Dios es importante
 Para lograr comprender que Dios es importante, tan solo, debes recordar que Él creó los cielos y la tierra y todos los que en ellas habitan; eso se logra con una herramienta llamado FE, no existe otro medio científico para comprobarlo, porque el pensamiento del ser humano es finito, tiene un límite y no va más allá de ese límite; porque la investigación básica que genera conocimiento y la investigación aplicada que resuelve problemas, con sus metodologías científicas cualitativa, cuantitativa o mixta, por lo general, plantean hipótesis y las tienen que comprobar a través de herramientas estadísticas y emitir resultados de hipótesis positivas o nulas. Estos tipos de investigación con sus metodologías, miden datos existentes a la vista para comprobarlas y emitir un juicio de valor; sin embargo, no pueden medir datos espirituales que no se ven, es por esa razón que la ciencia tiene sus límites. Por lo expuesto, existe otra herramienta espiritual llamado FE, ese si puede medir y comprobar la maravilla de la creación. 

La ciencia y la FE son rigurosas

 Así como la investigación científica es rigurosa porque es: sistemática, porque no se dejan los hechos a la casualidad; es empírica, porque se recolectan datos para analizarlas; es crítica, porque se evalúa y mejora constantemente. Así también la FE, es rigurosa, sin ella no podrás comprender nada de lo espiritual. La FE es la puerta que te introducirá a un mundo diferente y va más allá de los límites científicos. Por tal razón, para conocer y amar a Dios, tienes que entrar primero por esa puerta rigurosa llamado FE.

Ahora, Dios, puede interesarte por lo que ÉL es la autoridad máxima de su creación. ¿Quién puede ser más importante que Dios, el creador del cielo y del universo? Algunas personas se jactan por lo que inventaron transbordadores espaciales, aviones, barcos, computadores, celulares, satélites, etc., más, sin embargo, esas invenciones no son ni la milésima parte de todo lo que Dios creó.

Si los seres humanos llegaran a comprender lo importante e interesante que es Dios, ya no orarían tan solamente en tiempos de grandes dificultades: tensión, peligro o incertidumbre. Cristo les enseñó a sus seguidores que oraran siempre. Tan fervientes y tan directas eran las oraciones de Jesús que una vez, cuando Él había terminado de orar, sus seguidores se acercaron a Él y le dijeron: “Señor, enséñanos a orar” (Lucas 11:1).  

 Oraciones contestadas
 En la Biblia se encuentran relatos de personas cuyas oraciones fueron contestadas; personas que cambiaron la dirección de la historia por medio de la oración; personas que oraron fervientemente, y Dios contestó. Abraham oró, y mientras él oró, Dios retrasó la destrucción de la ciudad de Sodoma, donde vivía Lot, el sobrino de Abraham. “… No se enoje ahora mi Señor, si hablare solamente una vez: quizá se hallarán allí diez. No la destruiré, respondió, por amor a los diez. Y Jehová se fue, luego que acabó de hablar a Abraham; y Abraham volvió a su lugar.” Génesis 18:25-33

Ezequías oró cuando su ciudad era amenazada por el ejército invasor de los asirios comandado por Senaquerib. Todo el ejército de Senaquerib fue destruido y la nación fue librada por una generación más… porque el rey había orado. 2 reyes capítulos 18 y 19

Elías oró, y Dios envió fuego del cielo para consumir la ofrenda del altar que él había construido en presencia de los enemigos del Señor. Eliseo oró, y el hijo de la sunamita resucitó de los muertos. Jesús oró junto a la entrada de la tumba de Lázaro, y el que había estado muerto durante cuatro días salió, vivo. El ladrón crucificado oró, y Jesús le aseguró que iba a estar con Él en el paraíso. Pablo oró, y nacieron iglesias en Asia Menor y en Europa. Pedro oró, y Dorcas resucitó para poder servir a Jesucristo varios años más. 1 Reyes 18:36-38; 2 Reyes 4:32-37; Juan 11:41-44; Lucas 23:42-43; Hechos 9:36-42) 

Oraciones apuradas
 Cuando los discípulos fueron a ver a Jesús y le pidieron que les enseñara a orar, el Salvador respondió dándoles la petición modelo: el Padre nuestro. No obstante, eso solo fue parte de su sagrada instrucción. Hay decenas de pasajes en que Jesucristo ofrece otras indicaciones, y dado que Él practicaba lo que predicaba, toda su vida fue una serie de lecciones sobre la oración constante. Jesús tuvo solo tres años de ministerio público, pero nunca estaba demasiado apurado para pasar horas orando.

A diferencia de Él, ¡cuán poco tiempo y con cuán poca intensidad se ora! Cada mañana, se recita a las apuradas partes de versículos que aprendiste de memoria y te despides de Dios por el resto del día, hasta que nuevamente a las corridas le envías algunas peticiones finales por la noche. Este no es el programa de oración que Jesús diseñó. Jesús rogaba durante mucho tiempo y en repetidas ocasiones. Está escrito que pasaba noches enteras suplicando fervorosamente. Pero ¡qué poca perseverancia, qué poca persistencia le demuestras en tus ruegos!  

No te canses de orar a solas

 La Biblia dice: “Oren sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17). Este debería ser el lema de todo seguidor de Cristo Jesús. Nunca deje de orar, por oscuro y desesperante que parezca su caso. Una mujer LE ESCRIBIÓ A BILLY GRAHAM para contarle que había estado rogando durante diez años para que su esposo se convirtiera, pero él estaba más endurecido que nunca. Le aconsejó que continuara orando. Tiempo después, volvió a tener noticias de ella. Le contó que su esposo se había convertido gloriosa y milagrosamente cuando ya hacía once años que ella estaba orando. ¡Imagine si ella hubiera dejado de orar a los diez años!

Con frecuencia, nuestro Señor oraba solo, apartado de toda distracción terrenal. Le insto a que elija una habitación o un rincón de su casa donde pueda encontrarse con regularidad con el Señor. En especial cuando todos los niños de casa y los otros que aún no han conocido a Cristo se hayan dormido. Esa oración callada, escondida, en la que el alma se encuentra con Dios acercándose a su presencia puede ser la bendición más grande para usted y los tuyos.

Cuando observamos la vida de oración de Jesús, notamos la intensidad con que Él oraba. El Nuevo Testamento dice que, en Getsemaní, Él clamó a gran voz; que, en la intensidad de su súplica, cayó en terreno húmedo del huerto; que rogó hasta que su sudor era “como gotas de sangre” (Lucas 22: 44). 

 No uses palabras de otros
 Se auténtico(a), No hagas peticiones mezquinas, ejercicios de oratorias, usando palabras de otros, en lugar de clamar desde lo más profundo de tu ser. Muchas veces, cuando se ora, los pensamientos divagan. Le insultamos a Dios al hablarle, solamente, con los labios mientras el corazón está lejos de Él. Supongamos que estés hablando con una persona muy importante; ¿permitirías que tus pensamientos divaguen por un instante, acaso? No; estarías profundamente interesado en todo lo que se diga en esos momentos. ¿Cómo, entonces, nos atrevemos a tratar con menos respeto al Rey de reyes?

Jesús nos enseña por quién debemos interceder. ¡Cuán sorprendentes son sus instrucciones, y su ejemplo! Nos dice: “Oren por quienes los ultrajan y los persiguen” (Mateo 5:44). Debemos rogar por nuestros enemigos y pedir a Dios que los lleve a Cristo y, por Él, los perdone.

Las primeras palabras que Jesús pronunció desde la cruz, después que los gruesos clavos habían atravesado sus manos y sus pies, fueron de intercesión por quienes lo habían crucificado: “–Padre –dijo Jesús–, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). ¿Cuántas veces has pasado algún tiempo orando por tus enemigos?  

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